Echo de menos mis manos, pequeñas, agarrando el mechón de cabello de quien hoy me ve crecer
Echo de menos las horas interminables en un columpio que rozaba el cielo
Las tardes de helados
De vueltas por un barrio que ya no me acompaña
Echo de menos quienes iban a mi lado las noches de verano caminando hasta la madrugada
También echo de menos la ausencia de miedo ante el espejo y el amor propio que me mordía las orejas y se quedaba a dormir
Echo de menos la época gris
Los inviernos en la playa
En otro columpio que, aunque yo más crecida y con más miedos, también me ayudaba a rozar el cielo con los dedos
Echo de menos a quienes me abrazaban en ese tiempo
Aunque no eche tanto de menos quienes son ahora
También echo de menos los dibujos, las canciones pegadas a las ojeras y los secretos estrellados en el mar
Echo de menos cuando todo se torció
Echo de menos esa sensación de pena constante
Al final hasta a la nostalgia se le acaba cogiendo cariño
Echo de menos las noches de baile con ella
Las noches de grados de más en las venas
De bailes pegados y besos pequeños
Mordidas, abrazos y algunos gemidos
Y echo de menos los domingos de resaca que, aunque se repitan, nunca volverán a ser los mismos
Porque nunca supe si el dolor de esas mañanas era más emocional que físico
Supongo que es lo que pasa
cuando ya no sabes seguir hacia delante
y solo miras hacia atrás
Que uno ve tanta risa y tanto llanto en el pasado
Que teníamos tanto dolor sobre los hombros
que no nos quedó otra
que transformarlo en verbo
