Datos personales

Mi foto
"What if we already are who we've been dying to become"

sábado, 26 de septiembre de 2015

Solo un verbo que parece que se muere, pero que sigue latiendo;

Nunca llegaste a ser nada, y puede que fuera esto mismo lo que te hizo ser tanto

Porque eras la mirada que traía los recuerdos que ya no quiero olvidar
Eras la sonrisa de tristeza que mantenía lágrimas enganchadas en sus comisuras
Eras el llanto que se confundía con la risa, y entre sollozo y sollozo
escondía una carcajada de regalo que nunca llegué a aceptar

Eras también la mano que acariciaba mi hombro, sin susurrar mi nombre, mientras te sentabas en una silla de madera
que se quemó con las ganas de ignorarnos,
y cuyas cenizas volaron con los labios que me besaron cada tarde

Eras las ganas de vivir que me quisieron matar
Y ahora solo me hacen desaparecer

Eras la cama deshecha donde me tumbé con otro
         a quien no amé, pero ojalá                
Eras tan parecido a mí, que aún sigo sin saber cómo casi logré quererte
Por eso de que, justo ahora, no me llevo demasiado bien con el amor propio

Eras, pero dejaste de ser
Estabas, pero me fui
Quise quedarme, pero nos alejamos

Y ahora ya no me queda nada que no sean
 mil verbos
conjugados en pasado

jueves, 17 de septiembre de 2015

Nunca es un adiós del todo si no lo escribo;

Sabemos que toda despedida consiste en decir adiós o, en su defecto, en demostrarlo. Sabemos, también, que existen multitud de despedidas

Hay despedidas que dañan, que destrozan, e incluso se asemejan a una muerte
Hay despedidas que sabes que no volverán  a tener un mísero saludo de vuelta, y otras las cuales no duran más de un minuto
Despedidas que no acaban, y entre adiós y adiós siempre hay un beso que se escapa y vuelve a unir
Hay despedidas no merecidas, despedidas que nunca debieron llevarse a cabo
La nuestra, sin embargo, entraba en una de esas categorías que siempre deseas que no existan, una de esas que duelen, pero es un dolor leve, casi anestésico. La nuestra fue de esas despedidas que se hacen necesarias. 

No dijimos adiós, lo cierto es que me bastó con mirar hacia otro lado, responder poco y estar ausente incluso cuando me mirabas. Sí, una despedida muda.
Contigo me pasaba que, en ocasiones, cuando estaba desnuda tumbada a tu lado mis costillas se marcaban más de la cuenta (a veces, solo a veces, solo en esos meses en los que no podía más). Tú las acariciabas con el borde de tus dedos, te mecías entre sus huecos y decías:
-No puedo entender por qué no te quieres, por qué no…
Tenía que reírme entonces, aunque no hubiera bromas ni malos chistes. Tenía que reírme, porque yo era consciente de que si yo llegaba a quererme más de la cuenta, solo entonces es cuando dejaría de quererte a ti.

¿No pasa a veces eso? Que te topas con una de esas personas mitad humanos mitad vendas, esas que se posan en tus ojos para no mostrarte la realidad que llevas sobre los hombros. Tú piensas que esas personas te ayudan a no temer a la oscuridad, pero cuando descubres que no son más que las que producen que no haya luz es cuando empiezas a temblar.
Yo me alejé poco a poco, y lo bueno es que tú no me acercaste. "Dame alas" te decía con la mirada. Y me diste alas, y el cielo entero pero lejos de ti. Porque quizá te gustaran muchas cosas, pero siempre hubieron otras tantas que no.

Por supuesto, a ti te gustaba la noche, el buen alcohol, el café solo y las caricias. Te gustaban las risas, la ternura y la humildad, aunque de esto último, aunque te duela, tenías bien poco. Te gustaba cantar, la bachata, mi común acento y que yo adorara el tuyo. Te ponía mi papel de falsa poeta, te gustaba que escribiera, sí, pero nunca me leíste, jamás mostraste interés. Te gustaba oírme gemir despacio y bajito, no vaya a ser que nos oyeran. Te gustaba atraparme en un portal cuyas escaleras ya nos conocían mejor que tu colchón. Te gustaba perderte entre mis piernas, y que yo me quitara cualquier vestido con manos temblorosas. Te gustaba que me atreviera, que no dijera que no, que dejara a la timidez entre tu ropa interior, y que te hiciera ver que juntos, uno encima del otro, teníamos la misma edad. Porque claro, también te gustaba hacerme ver que eras un hombre y ya no un niño; más valiente o más cobarde, qué más daba, ahí la niña era yo. 
Pero no te gustaba, no, a ti no te gustaba que mezclara sentimientos, que me involucrara más, que empezara a sentir sin saber controlar. No te gustaba que fuera capaz de llorar por ti. A mí tampoco me gustaba la idea, no te preocupes. A nadie le gusta saber que llorará por alguien que no es nada.
A ti no te gustaba nada de esto, a ti no te gustaba que yo pudiera enamorarme de ti. No lo hice, y aquí fue donde llegó la despedida. O amaba, o me iba.
Y no amé, para nuestra suerte no lo hice.

Fueron unos dos meses de charlas efímeras, de mensajes disimulados, ignorados, para no volver a vernos. Puede que tú supieras, que entendieras, y por eso no insistías. O puede que sustituirme no fuera tan difícil, no lo sé. No quiero saberlo aún.

Lo que sí sé es que te vi, volví a hacerlo tras un tiempo.
Recuerdo que hace mucho me dijiste: "Voy a cuidarte"
La última vez que nos vimos me miraste, ausente, sin importarte demasiado mi presencia, me besaste las mejillas, apretaste mi mano, sonreíste un instante.
Recuerdo que hace mucho me dijiste: "voy a cuidarte"
La última vez que nos vimos solo supiste decirme, a modo de despedida (y esta vez de las que duelen): "Cuídate"

Y estoy haciéndolo
Estoy haciéndolo

sábado, 12 de septiembre de 2015

No lo merecías, pero lo escribí;

¿Cómo de patético te sientes
cuando sabes que no hay motivos para volver?
¿Cómo de patético eres cuando das más de lo que tienes,
y recibes menos de lo que realmente mereces?
¿Cómo de patético te descubres cuando entiendes que,
simple y llanamente,
no te quiere?

¿Cómo de patética me sentí cuando lo entendí?

Claro, ahora sé a qué te referías.
Que la felicidad no existía
Solo eran tus piernas haciéndome creer que sería eterna la mañana
y que las tardes no tenían por qué acabar

Creces, tú creces por encima de mí
Siempre fuiste grande a mi lado
Refugiado en mi costado, y también encima
Y debajo
Y respirando contra mi nuca, con tus manos en mi piel

Creces, otra vez
Pero no maduras
Y sigues desnudándome, pero no me das nada
Siquiera una oportunidad
Te sueño de esta forma
Solo con orgasmos a los que no llego
Porque muero ante el intento de hacerte ver que soy
que estoy
que me quedo
que no soy pasajera

Y que tú merecías,
(o puede que no)
ser eterno




martes, 1 de septiembre de 2015

"Egoísta";

Y no quiero que te enamores de mí
No quiero sentirme querida
Ni que te lances al vacío de mis costillas
Ni te acuestes en el fondo de mi vientre

Que no quiero que te enamores de mí…
Pero, por favor, no te enamores de nadie tampoco
No desees querer a nadie como nunca me quisiste a mí
No mires las pupilas oscuras de alguien que no sea yo
Mécete en sus miedos
Pero no dejes que te asusten como solían hacerlo los míos

Y recuerda
Que no quiero que me quieras, que no quiero que me ames…
Pero tampoco quiero que te enamores de nadie para siempre