Me duelen los prejuicios
Y me duele tener a muchos de ellos dentro de mí
Me duele pensar que algo es bueno o malo
sólo porque alguien, en algún momento, me dijo que esto era así
Podemos escapar de lo que nos han impuesto
Podemos no creer en ello
Lo que no puedes es olvidarlo
Y no olvidar implica, lo quieras o no, recordarlo en algún momento
Siempre alguien te dirá lo que no debes,
lo que no es bueno,
lo que te vendría bien
y el por qué de todo ello
Puedes estudiar mientras creces
Introducir mil libros en tu cabeza
Realizar un centenar de exámenes
Pensar un buen trabajo; uno de esos que impliquen ganar gran cantidad de dinero
Ser médico, abogado o arquitecto
Rechazar a los viernes por la noche, a los sábados que no acaban
Colocarte la corbata a la vez que la seriedad, y sonreír
Detente, después, a buscar un buen amor
(Nada de amores de una noche, de besos en una barra y caricias en el coche)
Y es que, aunque esto suene a locura, como decía Cortázar:
“Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto..."
Logrado esto ten hijos, muchos hijos
Y una bonita casa con jardín y chimenea
Un perro que te reciba al llegar para no sentirte tan solo
Y un cómodo sillón donde descansar mientras la vida se pasa
Todo esto está estipulado como lo socialmente aceptable. El que haya vivido según lo establecido bien lo sabe. Pero existe la posibilidad de otra vida y otro instante.
Puedes crecer estudiando
Introducir mil libros en tu cabeza
de esos que no tienen exámenes al acabarlos, más que el que tú quieras llevar a cabo
Pensar un buen trabajo; que te llene el pecho y no el bolsillo
Ser médico, abogado o arquitecto
O músico, escritor, vacíos de miedos...
Vivir un poco más entre la noche, bailar hasta las 5 de la mañana
Dormirte a las 6, con la resaca de una mañana apagada
Colocarte de nuevo la corbata, la seriedad que sabe cuando dejar de ser niño
Detente, después, a saber que puedes enamorarte
Y piérdete un instante en esos amores que no llegan a ser nada
Que vienen deprisa, con el ansia de los besos y la ropa caída
Y aprende de ello y espera a que te toque, a que venga
Y deja que te empape quien valga la pena
Porque esto no es tanta locura. Que como continuó diciendo Cortázar:
"...Como si se pudiera elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio. Vos dirás que la eligen porque-la-aman, yo creo que es al vesre. A Beatriz no se la elige, a Julieta no se la elige. Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos cuando salís de un concierto"
Y puedes no casarte
Y saltarte el paso de los hijos
Y comprarte un piso de dos habitaciones y cuadros en las paredes
con fotografías de risas que nunca olvidarás
O viajar sin rumbo fijo, sin firmas de contratos de casas enormes que te atan al mundo
Todo esto puede tomarse como lo socialmente inaceptable. El que haya vivido según sus normas lo sabe. El punto de mira de cualquiera que quiera juzgar, el blanco perfecto al que manchar.
Cuesta mucho entender que esta es otra vida, otro instante muy distinto a todo lo anterior. Sí, existen demasiadas vidas y demasiados instantes... Cuesta mucho entender que ninguna es mejor que otra. Que ninguna es peor a la otra. Que la opción de vivir de una forma u otra no es ni más válida ni menos correcta. Solo diferente.
Y puedes escoger una opción, o mezclarlas y remezclarlas. Que puedes hacer mucho o muy poco, y siempre habrá alguien que te diga que, oye, que cuidado, que qué estás haciendo.
Pero supongo que lo realmente difícil de esto,
la raíz del problema no es lo que decidimos vivir ni cómo hacerlo
Lo que nos quita el sueño (y los sueños)
es que no vemos que lo importante es que aquello que hagamos,
aquello que seamos, aquello que hagamos surgir
sea siempre
lo que realmente
nosotros
queremos
vivir