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"What if we already are who we've been dying to become"

martes, 31 de diciembre de 2019

Happy New Year;

En 2015 escribí sobre el año que se iba y sobre el año que venía. Hace unos 4 años que no me paro a pensar pero no dejo de hacer balance.

A grandes rasgos mi vida sigue bastante igual que hace 12 meses, y sin embargo todo me parece distinto. Creo que es por como he empezado a sentir a quienes me rodean y a mí misma. 
Aunque nunca me gustó demasiado ser como soy, estoy empezando a ser consciente ahora de que debo apreciarme. Me estoy viendo como persona (desde fuera y en tercera) y entiendo que necesito cuidados. Quizá no lo hago tan bien como debería, pero hay cosas que solo sirven si se hacen poco a poco. Estoy apreciando mi sensibilidad, la capacidad (antes habría dicho defecto) de sentir mucho las cosas, las buenas y las malas. Estoy exprimiendo lo de sentir las primeras e intento disminuir el impacto de las segundas. No se me da nada mal.

Sobre los cuidados llevo años así, estando pendiente de mí y cuidándome para no despistarme demasiado. De lo que me he dado cuenta en estos meses es del desgaste mental, de como me agota cuidar de mí, porque desde que abro los ojos necesito hacer esfuerzos para poner la máquina a funcionar y que el cerebro no afloje. No creo que haya una solución mágica para esto, solo darme un respiro largo y ofrecerme a mí misma paz cuando lo necesito. No es que esto último no vaya ligado a cuidarme pero los estoy empezando a sentir como conceptos distintos.
Cuando me cuido, vivo; no me dejo detenerme, me obligo a levantarme, a desayunar, y a almorzar y a cenar (no puedo perder de vista estos tres puntos) a moverme, a mantenerme activa, a exprimir el tiempo, a entrenar, a estudiar, a leer, a escribir... No todo de golpe ni tiene por qué ser en el mismo día.
En definitiva, cuando me cuido no me doy mucha tregua. Necesito entender que si estoy viva es para
Pero ahora que estoy entendiendo que necesito darme paz, es para compensar el desgaste que suponen los cuidados. Frenar un segundo y tomarme un té, tumbarme horas sintiendo la respiración entrar y salir de mi cuerpo, dormir mucho, no ver a nadie, buscar intimidad en mí.

Todo esto también implica dejar que me cuiden. Nunca se me dio bien sincerarme y abrirme (si acaso era capaz de expandirme en este blog, pero me di cuenta con el tiempo que aunque me podía servir para vaciarme, a largo plazo no solucionaba nada con los que me rodeaban en el mundo real). De un tiempo a ahora decidí gestionar mejor las emociones, no sentir debilidad al decir lo que siento, pedir ayuda y pronunciar un "estoy triste" si era necesario. Me di cuenta de la de personas que estarían ahí para escucharme, las mismas para las que había estado yo tantas veces, pero por multitud de razones yo me he sentido un estorbo para ellos en demasiadas ocasiones (razones que más bien eran inseguridades que tuve que quitarme de encima con los años). 
Lo de abrirme emocionalmente me acercó más a la persona que conocí hace 4 años, a quien llevo queriendo desde hace casi 3 y de la misma de la que acabo aún más enamorada este año. Le voy a agradecer siempre la paciencia, la poca presión y que entendiera que cuando no me salían las palabras no era culpa de él, es solo que yo aún tenía que aprender, y creo que en estos últimos meses por fin me ha visto crecer un poco más. 

Esto último también me ha hecho ser más selectiva, entender quiénes hacen bien y quiénes en mi vida simplemente ya no. Echar a un lado a personas que hace años fueron imprescindibles pero a día de hoy son solo eso, lo que fueron. Nada más. 
También acabo el año con una grata sorpresa, estando algo más cerca de alguien que fue importante durante bastante tiempo aunque luego la distancia hiciese su trabajo (con todo lo que le he escrito en el blog, no nombrarlo ahora me parecía hasta de poca vergüenza). Destacar que obviamente el acercamiento no fue cosa mía (toy creciendo emocionalmente pero no tanto).


Podría seguir escribiendo mucho más y desentenderme del tema principal de esta entrada, seguir hablando de lo que he ido aprendiendo (no solo) en estos 12 meses y empezar a divagar. Pero sería alargar demasiado, acabar por no entenderme ni yo y, aunque estoy escribiendo esto a las 5 de la tarde, me gustaría que me diese tiempo a tomarme las uvas, van a haber 21 personas esperándome en el salón (uf) y un chico de ojos azules muy guapo que esta noche cena conmigo. 
Así que feliz año y mejor vida.  


jueves, 5 de diciembre de 2019

Sororidad;

He tenido amigas que no han sabido desenvolverse bien en la vida por puro miedo
Y no era culpa de ellas
Es que han llevado un dolor en las manos desde niñas
y nunca les enseñaron a soltarlo 

A algunas de ellas 
les daba pavor asomarse por la ventana de su pecho 
sabiendo que lo que había fuera no era mejor que lo de dentro 

Las he conocido incapaces de quitarse la ropa porque cuando lo hicieron 
las obligaron a hacer cosas que no quisieron 
Me hablaban de sexo pero también de pena 
No había orgasmos, pero sí lágrimas 
Y yo entendí 

Una de ellas se empeñó en no separarse del pasado 
Le vi en los ojos una frase parecida a esta: "estábamos hechos el uno para el otro, pero el universo no nos correspondió" 
El único que no pudo corresponderla fue él
Pero a ella le gustaba imaginar que aquello fue solo un sueño 
No lo fue 

Había un factor común en todas ellas: el desprecio hacia sí mismas
Había ausencia de amor propio 
Pero es difícil saber quererse si desde niña, 
bien pequeña e inocente,
no te enseñan 

No era culpa de ellas no poder mirar sus pechos
Verlos demasiado grandes o demasiado pequeños 
Cansarse de sus anchas caderas
Ansiar ser más pequeñas, más frágiles, más muñecas 
Encerrarse en un amor que no llega 
Esperar pacientes, calladas, no moverse solo por no molestar
Los problemas  de ansiedad en muchas de ellas 
Los vómitos para encajar en la talla correcta 
La mente corriendo más que sus instintos
El daño hacia si mismas

Nadie nunca es culpable de no saber autocuidarse 
Y ellas tampoco lo son 


No se creían fuertes 
Estaban muy rotas y seguían en pie, pero pensaban que eran débiles
Les podían más sus pensamientos que la realidad estrellada entre sus manos 
No se creían fuertes
Pero eran capaces de sostenerme 
Capaces de ver y sentir el dolor ajeno 
Empatizar con lo que llevaban dentro 

No se creían fuertes y sin embargo 
aguantaron el peso de todas 

Aguantamos el peso de todas 
porque sabemos lo que duele cuando una misma 
no sabe quererse 

Porque no supimos empezar por el amor propio y decidimos 
que qué mejor manera de aprender 
que empezar por el ajeno 

viernes, 8 de noviembre de 2019

Bendita;

Todos estamos rotos
Solo que no por los mismos lados y no de la misma forma 

Algunos fueron hábiles y cogieron los pedazos 
Otros ignoraron los daños 
Y otros, los camuflaron esperando que curaran

Yo dejé los cortes al aire 
porque aquello que se cubre no se sana 

No sé si me sirvió de algo
Sigo rota aunque al menos ya soy capaz de admitirlo 
También me doy cuenta que con los años pienso cada vez más 
Sí, pienso mucho
Escribo poco
Y hablo menos 

Lo intento pero me atasco (con lo de escribir y también con lo de hablar)
Se me juntan las teorías en mi mente y no sé sacarlas 

Me resuena a las 4 de la mañana la infancia en las paredes de mi cuarto 
Lloro, lloro mucho y muchas noches, y no me asusta porque solo yo entiendo el motivo y no otros 
No me importan 

Lo que sí me asusta es el ego ajeno, la infinitud de sentirse especial sin serlo 
Me voy a morir joven y esperando que alguien me conozca
Luego me doy cuenta que no quiero 
No quiero que me conozcan pero sí morirme joven 
Tampoco voy a detenerme a explicar esto último porque no sabría hacerlo 

Algún día dibujaré un mapa de mi cabeza 
para guiarme a mí misma en cada pensamiento 
Voy a extirpar a la tristeza si logro dar con ella 
Porque ya me jodió la adolescencia y no está dejando títere con cabeza en la juventud 

También algún día me pondré delante de mí y me reiré 
"Que a ver cuándo dejas tanto drama al escribir, porque no eres tan infeliz como les haces creer"
Pero ese día no es hoy 

Ayer soñé que el coche en el que iba explotaba
Y yo era la única que sobrevivía
10 años más de vida para ellos
Una muerte menos para mí
Pero las mismas ganas

Qué poca vergüenza que me rechine la vida
Qué poca alegría escondo en el paladar
Te voy a lamer los ojos para tragarme tu paz

Y bendito el día en el que te fuiste
Y bendita yo, que me quedé

Porque algún día lo haré, voy a deciros que lo siento
Que realmente no me quería morir, es solo que estaba triste 

lunes, 7 de octubre de 2019

Every brilliant thing;

Hace meses me recomendaron ver "every brilliant thing", un monólogo más que emotivo sobre las crisis existenciales y la depresión. 
El hombre que lo llevaba a cabo contaba como se había tirado parte de su vida creando una lista para su madre sobre las cosas brillantes que tiene la vida. Ella sufría de este trastorno anímico. 
No me decidí a verlo hasta hace unas dos semanas, y aunque me sentí identificada con muchas partes del monólogo, todavía sigo dándole vueltas a una de las frases que aparecían.
Esta en concreto era:
"Si vives una vida plena y llegas al final sin haberte sentido  terriblemente deprimido ni una sola vez es posible que no hayas estado prestando atención"

No podría afirmar que esta frase sea cierta en todos los casos, pero en esos segundos se había quedado resumido lo que pensaba sobre mi misma desde hace unos años.

Me recuerdo triste desde pequeña y, aunque no hubiera un motivo claro, de unos años a ahora me he dado cuenta que, probablemente, era por exceso de pensamientos.
Supongo que lo peor vino después, cuando además de pensar también era consciente de lo que me rodeaba. La bola empezó a crecer a los 17.

Había tristeza, claro, y también apatía, me apagué por dentro. Pero cuando lo pienso veo que lo peor fue el destrozo a nivel cognitivo. 
Me costaba pensar, concentrarme y responder cualquier pregunta.
¿Las clases? Una odisea. Lo intentaba pero me perdía a los 15 min de empezar, me volaban los pensamientos y no procesaba correctamente. A veces me llevaba libros para distraerme y no escuchar la explicación. Pero la calma me duraba poco porque llegaba al punto en el que no sabía bien lo que leía.
No mantenía conversaciones con normalidad, quería llorar y de un momento a otro me entraba la apatía. Vivía en un cambio constante. Estaba muy frustrada. Solo sabía pensar "alguna vez fui mucho más lista que esto"
Luego vi que no me faltaba inteligencia, sino equilibrio mental

En algún momento quise rezar, pensé en lanzarme de lleno a oraciones que aunque no ayudarían nada me harían estar en calma. Ahí me sentí un poco más empática y entendí la fe de la que otros me habían hablado alguna vez, incluso sentí añoranza por un dios en el que nunca había creído.

Ya ves, cuando lo pienso ahora me río. Cuando era una  niña me negué rotundamente a hacer la comunión, y ni los regalos ni la promesa de algún viaje me hicieron cambiar de idea.
La catequesis no me disgustaba pero no era mi pasión, iba por convencimiento de mis padres 
-"Si luego te arrepientes y quieres hacerla, no vas a poder...".

Hicimos un buen trato, yo me tragaba años de misas, rezos y lecturas de pasajes, y ellos no me molestaban demasiado cuando llegara el momento en el que no haría la comunión. Tampoco les importó mucho, no eran creyentes. Solo seguían con lo que se llevaba haciendo toda la vida. 
En esa misma época, cuando fui aprendiendo más de religión, empecé a rebatirles la biblia (con argumentos propios de alguien que no llega a los 10 años). Es solo que en mi cabeza era una buena historia, pero ni por asomo una historia real y mucho menos en la que creer con tanta firmeza.
No me hicieron demasiado caso. Tampoco lo tengo en cuenta pero creo que una parte de mí ya quería hacerse escuchar.

Me recuerdo siendo muy consciente de que estaba viva y de no poder hacer nada para cambiarlo, como tampoco entendía a veces el por qué de vivir y, muy lejos de asustarme, solo me hacía sentir desgana conforme pasaban los años. Y cuando lo pienso me invade un poco la melancolía, porque aún no sé por qué una niña podía llegar a sentir así. 


Luego vinieron los cambios en el cuerpo. Tenia una idea distorsionada sobre cómo debía ser una mujer (por ende, también tenía una idea distorsionada sobre cómo debía ser yo). Si no tenía suficiente con existir, ahora también debía preocuparme por ser. 
Abracé los trastornos alimenticios, me regodeé en el vómito y en no comer (entre otras conductas poco sanas y nada agradables de comentar) y no me extraña, tenía todas las papeletas.  

Llegué a pesar unos 20 kg más que ahora, me marcaron a fuego desde los 7 años que aquello estaba mal (esto me daría para escribir unas 3 entradas más) crecí volviéndome cada vez más tímida, también más insegura y, como venía comentando, cada vez más pensativa. Aquí estaba la tortura, que crecí focalizando constantemente la atención en mi cuerpo, y cuando la cosa fue a peor se volvió obsesivo. Tenía ansiedad constante ante cualquier mínimo cambio, debía tocar mi vientre a cada rato, mirarme en el espejo cada 10 min, pesarme una vez, y otra, y otra... necesitaba ver que todo estaba igual, los pensamientos no me dejaban dormir y la falta de comida me empeoraba.

Aquí la crisis existencial se volvió enorme, me devoraba y no me cabía en el cuerpo. No es sorprendente que me acompañasen las ideaciones suicidas, estas siguieron hasta bastante después de que todo fuera poco a poco volviendo a su lugar. Es una forma que tiene el ser humano de calmar su ansiedad, sentir que aunque todo va mal podría acabarse cuando quisieras. No significa que vayas a hacerlo (siempre dudé mucho de si yo hubiera sido capaz) pero el cerebro tiene muchos mecanismos de defensa y este es solo uno de ellos (aunque no el más adaptativo)

Una de las conclusiones que saqué del monólogo fue sencilla: da igual la de cosas maravillosas que tenga tu lista, hay veces que simplemente estas no funcionan. 
Entonces me viene otra vez la frase. Y soy consciente de que la infelicidad a veces es por exceso de atención. O, al menos, lo es en mi caso.

Los pensamientos ya no me van a 1000 por hora pero tampoco se detienen. Decir que me acuesto tranquila por las noches sería mentir, porque demasiadas veces me viene a la mente todo lo que me habría gustado no vivir y siento un miedo enorme ante la idea de que algo (no sé qué) me haga recaer. Realmente es una lucha constante entre lo que me pide mi mente y lo que mi cuerpo sabe que no debe recibir.
Ante esto, las personas suelen decir que todo aquello que he vivido me ha ayudado a ser quien ahora soy, pero lo cierto es que hubiera preferido el camino mucho más fácil, porque yo nunca quise ser así.

Una psicóloga me dijo que, aunque me costara aceptarlo, ciertos pensamientos no me van a abandonar nunca pero que sí podría disminuir el daño y el caso que quiera hacerles.
No, aún no lo he aceptado del todo pero lo segundo se cumplió.

Ahora, si tuviera que hacer mi lista sobre las cosas brillantes de estar viva, empezaría con algo así:

1.Hay  demasiadas cosas buenas en la vida solo que no siempre vas a saber apreciarlas. Y ser consciente de ello, también es increíble


domingo, 25 de agosto de 2019

El amor resultó ser otra cosa;

El amor en aquella época parecía que debía ser como en las películas de Hollywood; amor intenso, devastador, amor que quema, amor que duele.
Ruidoso, incluso molesto.
Parecía que debía tener el color de aquellas eternas novelas románticas mal trazadas

Con los años me agoté. De esperar y de buscar lo imposible, de empeñarme en un amor eterno que nada podría ofrecer. Que no mataba pero tampoco sabía sanar.

Y ya ves, ahora me arropo con lo que tengo. 
Con un amor que me ve cansada y me pregunta que qué me pasa. Y se queda esperando a escuchar mi respuesta.

Con un amor que me masajea los pies y me acaricia después de una noche de sábado hasta que me ve caer rendida en la cama. Con un amor que huele a todas las biznagas que me ha regalado en estos últimos 3 años.

Que me sorprende, solo con su risa y con la felicidad que me recuerda constantemente que le ofrezco.

Me cansé y lo recreé, sin pensar en el "para siempre"
Soy consciente de que hoy quiere quedarse a mi lado y mañana quizá se acabe. Lo efímero también forma parte del amor.
Costó pero lo entendí.

Que ya solo espero a alguien que me dé paz y que me diga "¿De qué quieres la pizza? Yo invito. Ve eligiendo tú la película"

lunes, 12 de agosto de 2019

Bandera blanca;

Si me voy de aquí, te voy a llevar conmigo
Nunca te dejaría solo
Sé que ya te cansa todo...
No te pares

Si desaparezco que sea contigo
Si tengo que irme, será lejos
No me cedas...

Y he mirado hacia atrás
He quemado la ciudad para que no te haga daño

Deja de preguntarme por él,

que no entiendo del pasado

Adiós
Hasta que abras los ojos

Y si el mundo se declara en guerra
yo solo querré escribirte una carta de amor
y pedirte perdón aunque no sepa por qué

Tengo un viaje en mente
Y un hasta nunca en la garganta
Te abro el corazón
y saco bandera blanca

Esta vez
(te)
gano yo

domingo, 23 de junio de 2019

Ellas;

Si hablamos de sentimientos, hablamos de hombres
Si alguna vez amé, fue a un hombre
Si sigo amando, este todavía sigue siendo hombre
Si me han querido (y si me quieren), sin sorpresa, también fue un hombre

Pero fueron ellas las que la primera noche me hicieron sentir que llevábamos una vida a cuestas
Fueron mujeres desconocidas (de las cuales no soy nadie para contar demasiado) las que al primer tacto me hicieron reír

Mujeres que me infundieron seguridad sin apenas saber más que mi nombre

Chicas que abrazaban después del sexo
Que me han besado lento y en cada beso, pareciera que supieran todo de mí
Chicas que me descubrieron un terreno nuevo al que no me había atrevido a acercarme demasiado hasta...

Porque si con ellos tuve orgasmos (o casi)
con ellas fui  capaz de reír después de correrme sin sentir vergüenza


Había magia en nuestros dedos durante una sola noche
Comprensión, intimidad y (aunque sea casi imposible) también amor

Que las sensaciones más dulces, los momentos menos amargos me los dieron ellas
sin necesidad de enamorarme
También me dieron los instantes más efímeros 
Se quedaron (nos quedamos) en una cama 
pero también en la piel
Y hoy, por primera vez, las plasmo en poemas y palabras

Que siendo completas desconocidas 
podría haberlas (quién sabe) llegado a amar


Egon Schiele

domingo, 24 de marzo de 2019

;

'Que no pocas veces he sido tentado
en coger mi esperanza
y lanzarla sin más a la fosa común,
donde yacen los sueños'


He escrito cartas para muchas personas (o muchas cartas para pocas, más bien) pero rara vez me escribí a mí, y nisiquiera sé cómo empezar.
He hablado de otros susurros ajenos a mi garganta, de manos que no he rozado, de corazones que no eran el mío. He hablado de miedos, de dolor y de lágrimas, del leve cascabel salido de unos labios, la brisa en los ojos de otro, las pestañas que no me dejaron besar y el amor que no conozco. Y nada de esto me pertenecía a mí.

Intento hablarme mientras miro la respiración en mi estómago, el aire entrando y saliendo de mi cuerpo, el presente que se estanca en mis costillas. Los 49 kilos de desconocimiento hacia mi misma.
Termino el libro de una psicóloga que narra cómo sobrevivió a los campos de concentración, cuenta historias de sus pacientes y en muchos de ellos la respuesta a sus problemas (y al de ella misma) eran semejantes: aprender a abrazar el pasado.
Acaba volviendo a Auschwitz, rozando el suelo que la marcó, respirando un aire más renovado pero que la lleva a la época de muerte y dolores en el cuerpo y poca comida y cansancio y las ganas de libertad y de dejar de vivir al mismo tiempo. Se perdona a si misma por no haberse dejado vivir en calma esos más de 30 años desde que la salvaron, y arropa al pasado como quien abraza a un viejo amigo.

Me pregunto sino es esa la salida a muchos miedos (o al menos un pequeño atisbo sobre cuál es el camino que debemos tomar).
Llevo años preguntándome por qué lloro cuando todo va bien, por qué tiemblo si nadie ni nada me asusta, por qué no soy capaz de acoplarme bien a la vida que me ha tocado, a pesar de estar viviéndola como se supone que quería. Por qué donde hay felicidad me empeño en mancharla de nostalgia.

Recuerdo los dias de consulta, de jóvenes psicólogas y de sentirme enferma. A pesar de mi nefasto estado (más emocional que físico) no me diagnosticaron nunca anorexia, tampoco bulimia, lo mío solo eran problemas con la comida, un paseo tortuoso de odiarme y de odiar, emociones que solo se centraban en platos vacíos. Y me sentí fracasada

Me di cuenta que llevaba mucho siendo así, casi toda mi vida
Si algo sale bien, yo retrocedo a cuando algo fue realmente mal
Si logro mis objetivos, mi mente me dice que no es suficiente
Si alguien me quiere, si alguien me ama, inconscientemente bailo en esa época en la que no lo hicieron
Si tenía problemas alimenticios, nunca fueron suficientes. Ni anoréxica, ni bulímica. Enferma pero no demasiado, en mi cabeza siempre ese "casi".



Me percaté rápido (solo me han hecho falta unos más de 10 años) que después de 3 psicólogas que siempre me hicieron mantener la vista hacia delante, un problema alimenticio y síntomas de depresión, quizá debía echarme sobre el pasado, preguntarle en qué momento quiso torcerse.

La teoría me la sabía, cómo ponerla en práctica no tanto. 
Empecé por lo fácil (que no siempre fue tan sencillo): me escuché a mí misma. No a lo que otros me decían, no a lo que me exigían (que, generalmente, eran exigencias mías que solía atribuir a otros). 
Seguí conociéndome, intentando entender de dónde venía todo y quién había colocado mis cimientos. Me di cuenta poco a poco que no era tan importante el origen de mis miedos como saber controlarlos, pero eso vendría después. 
Tras una época odiando a los libros por la poca capacidad que había adquirido para la concentración, me reconcilié con ellos (y fue una bonita forma de sentirme más cerca de mí). 
También empecé a escribir menos. Y con poca pena puedo decir que sigo sin hacerlo. Fue una forma de autoayuda cuando las cosas no iban muy bien pero ya no lo quiero. A veces vuelan buenas ideas por mi cabeza y no las suelto, pero he aprendido a besar la inspiración y en vez de escribir sobre ella, ya solo me sale vivirla. 

También me llené de besos, acepté que me quisieran y me enamoré muy fuerte de alguien que me ha secado las lágrimas cuando yo no podía hacerlo.
Con él disfruto de lo bueno. Se encarga de recordarme constantemente lo corta que puede ser la vida, cambié, a su lado, la cerveza por el vino y las terrazas de los hoteles de Málaga me sonríen más desde que lo conozco. 
Por último (aunque para muchos esto debería ser lo primero) aprendí a reconciliarme con la comida. Dejé de mirarla de reojo, empecé a saborearla y aunque inevitablemente a veces sigo contando calorías (más inconscientemente que consciente) ya no me hacen llorar. No pude lograrlo hasta que no puse en práctica todo lo anterior. 

No todo es bueno ahora, claro, sé cómo funciono y cuando las cosas no van bien. No espero perfección de mi misma, sino comprensión.

Pero el primer paso es entenderlo y lo segundo, y fundamental, conocerse.

El perdón y las soluciones siempre, siempre llegan después. 





"Recuerda, nadie puede quitarte lo que pones en tu mente"
Edith Eger


miércoles, 20 de febrero de 2019

Irreversible;

Lo nuevo no es el sentimiento,
ni el latido que se me desata en tu almohada
Lo nuevo es el calor
los abrazos y el olor a eterno
Que seas hogar y manta
Paz con alas
y guerra entre unas piernas que te acogen por las noches

Lo extraño no es empezar a quererte
sino que seas tú precisamente con el que quiero ir de la mano cuando roza el sol la piel

Que después de tanto tiempo diciéndote adiós, ahora tengo miedo de escucharte decir "no me quedo"

Lo realmente extraño es contemplarte durante minutos dormir a mi lado
y estar impaciente por verte abrir los ojos

Pequeño milagro hecho párpados
No te vayas... 

Que lo curioso no es besarte,
que besos hemos dado muchos
Lo curioso es aspirar cuando tú espiras
atrapar tu aliento con mis dientes y no querer deshacerme de él
Lo curioso es lo que desatas con tus labios
El nudo de un pecho que se cubría, delicado,
porque le costaba que le hicieran respirar

Lo irreversible no es lo que se nos ha colado dentro,
ni el corazón sin coraza que ya te puedo mostrar
Tampoco lo es el temblor de las manos
y que no me queme ni me asuste que me abraces al andar

Lo irreversible es que te estoy escribiendo
Es el punto que marca la diferencia entre querer o marcharse

Porque tienes que saber que una vez empezado el poema 
es cuando sé que ya no voy a querer irme
ni voy a buscar la forma
de poder dar macha atrás 











miércoles, 2 de enero de 2019

Todos hemos sido alguna vez el antónimo de resiliencia;

Por alguna razón que desconozco (o que no quiero escribir) le fui cogiendo tirria a la vida

Primero empecé con la inocencia
Seguida de la ignorancia,
la arrogancia,
el desconocimiento,
la felicidad más pura
y, justo después, el odio

No soy capaz
de escapar de este último