Datos personales

Mi foto
"What if we already are who we've been dying to become"

jueves, 25 de junio de 2015

"Perdón por los bailes"

"Te invito a otra copa…
Y te hago vivir"
Fue su primera frase al acercarse
Ya le avisé que no iba a enamorarme
"Pero yo voy a hacer que ames, te lo juro…"- Volvió a decir
Y me reí; él me miró serio. No entendió la broma
Y yo no entendí de dónde salía mi miedo
Supe desde el principio que su promesa no se cumpliría
Yo bien podría haber corrido de aquella roca, situada en la playa más alejada
Sí, yo podría haber apartado sus manos de mi piel la noche que me dijo: "Por favor, llámame"
y a la tercera llamada simplemente supo decirme "Ahora, solo te pido una cosa…quédate"
Era pedir demasiado
para alguien que iba a dar muy poco

Lo que más dolió fue su voz confesando, caminando por la arena, que podría enamorarse
Me quemó, y no chillé por respeto
Para evitar el llanto en mis pupilas le besé
Y me arrodillé bajando por su ombligo, mientras oía un gemido
que me deshizo por dentro
Ahora que le dije que se fuera
y le confesé que no me quedaría
me paso las noches trazando en las escaleras de un portal la primera letra por la que empezaba su nombre
y por la que acababa mi silencio entre sus piernas
Y estoy también, noche tras noche, recordando la madrugada que
a las 6 de la mañana
me llamó diciéndome que me echaba de menos
Y yo quise echarme a mí misma, pensando que no lo merecía


Aquí está la niña de la poesía
y aquí tienes tu poema
Soy yo
La misma que no te dio tregua entre baile y baile cualquier noche de febrero
La misma que ahora no te deja descansar
Que se metió en tus recuerdos
La que te escribe para pedir perdón
Pero la que
Nunca
Se perdona
Aun queriendo

miércoles, 17 de junio de 2015

Cuentos.

Demasiadas noches hacen que no nos bailamos
Demasiadas noches llenas de lunas vacías y estrellas sin vida
Demasiados años fríos
en veranos con inviernos
Demasiadas rocas rotas con lágrimas de las olas
de mis párpados cerrados

Tú, mi Peter Pan eterno
con complejo de Garfio
El niño que no crecía y quería ser pirata
Personaje malo
que deseaba ser bueno

¿Qué has hecho con mi mundo,
y mi país encantado?

¿Qué hiciste con las ganas de volar?
Y los polvos que desde que te fuiste, por lo general, nunca son mágicos
¿Qué somos ahora, que se nos ha ido el tiempo entre los brazos?

Sombras
Solo dos sombras que ya no se cogen las manos
Sombras descosidas de cuerpos que no se abrazan

Sombras que buscan dónde coserse
sin sospechar
que el hilo que nos unía
se rompió hace ya tanto

miércoles, 10 de junio de 2015

No despiertes;

Se duerme
Entre las manos frías que lo mecen
Anhelando caricias que no vuelven
Sonriendo siempre a la oscuridad

Se duerme
Parece que se muere y solo duerme
Igual que cuando cierra sus ojos
y observa con las pupilas del alma

Se duerme
Y grito con los labios bien cerrados
Que vuelva de ese sueño
Que parece que se muere
Y solo duerme

Y lo acaricio
Y se despierta
Bailando entre las sábanas gastadas

Voy desapareciendo
Que solo era parte de su sueño
Y ahora soy yo la que se muere

sábado, 6 de junio de 2015

Será cuestión de prioridades.

Hablemos de sexo, pero esta vez sin temblar. Hablemos de aquello que tan sobrevalorado está. Porque poco se comenta del acto de dar placer, y si se hace, se trata como tabú. Antes tengamos algo claro: la piel es piel y el corazón, corazón. Dejemos en un lado al sexo y en otro lado al amor. 
No es que estos dos conceptos no vayan juntos, pero lo primero siempre es mucho más fácil que lo segundo. Y también, lo peor visto. El problema es que se ve al sexo como algo sucio, y se le intenta dar matices falsos de romanticismo. No es que no pueda haber de esto último, todos nos ponemos románticos si nos besan la entrepierna, pero tampoco es que haya necesidad. Lo cierto es que algo no se puede negar; es que sí, quizá sea sucio. Pero es ese tipo de suciedad con la que uno no puede ser escrupuloso. Entender que, lo quieras o no, sexo equivale a sudor, saliva, una mezcla de gritos que no dejan descansar y alguna que otra dosis de violencia voluntaria. 
Pero ¿con quién? ¿Con quién mezclar y remezclar todo lo que llevas dentro? Con quien quieras, si es que tienes la oportunidad. Pero no, claro que no. La sociedad ya se encarga de inculcarte pensamientos dignos de cualquier novela rosa, donde follar debe significar amar, y el sexo solo debe practicarse con el amor de tu vida. Este último término también podría ser discutible, pero para qué alargar. 
Sí, como si tocar, besar, acariciar, todo esto sin sentimiento, fuera delito. Te juzgan por dar placer, por regalar orgasmos. Cómo si hubiera algo más sano. Ponen etiquetas, nombres, promiscuos dicen por ahí. Pues bien, entonces qué viva la promiscuidad... 
Supongo que sigue pareciendo más ético ver a cualquiera vomitando en una esquina, que gimiendo en una cama. Mucho más normal decir que le has partido la cara a cualquiera, a confesar que besaste a aquel que pensaste que merecía mucho más que un par de sonrisas. Personas reprimidas que no se atreven a hacer con sus vidas lo que otros sí que hacen. Personas que viven su vida como desean, pero juzgan a aquellos que no la llevan a cabo como ellos.
Demasiada importancia se le da a algo tan sencillo. Sería mucho más comprensible tantear sobre el amor. Esto sí que puede que sea serio.

Aquí no sostienes a un cuerpo entre tus manos; aquí tienes la oportunidad de manejar un corazón. Pero claro, qué importancia iba a tener esto, sí solo se trata de sentimientos humanos. 

lunes, 1 de junio de 2015

Ahora entiendo que necesitaba que volvieras, solo para que yo pudiera regresar a mí;

Vuelvo a escribirte, pero esta vez es demasiado distinto. Ya no le escribo a tu ausencia, ni a mi dolor, ni a mi manera de recordar todo lo que hace años sucedió entre tú, yo y lo que nunca me atreví a contar en voz alta. Ni le escribo a las rocas, ni a la playa que se llenó a base de lágrimas, ni a aquel nefasto invierno, ni a escalones gastados, ni a estrellas que esconden mundos, ni a cuentos inacabados sobre sombras que ya no sé dónde están. 
No, ahora le escribo a tu forma de acercarte, lenta, pausada, después de ¿tres, cuatro años? Ya no me atrevo ni a contar. Le escribo a mis manos temblorosas sujetando un mensaje que me rehízo por dentro, y le escribo a todo el torrente de momentos que me cayeron encima, y que pensé que se habían marchado. 
Leí, poco a poco, tus palabras. Un claro, repentino, sorprendente "Perdón" que fuiste capaz de dedicarme. La disculpa que mi pecho llevaba esperando desde hace años, pero que pensé que nunca llegaría. Y eso ya no me importaba. Me había acostumbrado a vivir así, sabiendo que había dado más de la cuenta y había recibido poco, muy poco. Claro, que jamás cambiaría nada; con cosas como esta aprendí a ser un poco más fría. Ya sabes, hace que el dolor se note menos…
Decías también que me habías hecho daño, pero que ojalá las cosas hubieran sido distintas, y esto me pareció, quizá, lo más doloroso. Sí, claro que me hice daño, me resquebrajé tanto que tuve que cortarte incluso a ti con mis propios trozos. Y detrás de ese dolor estabas tú. Pero no voy a hacerte partícipe de aquel desastroso suicidio emocional que llevé a cabo conmigo misma. No puedo. Yo nunca he podido odiarte, a pesar de haber sentido mucho odio hacia a ti. Sé que puede parecer lo mismo, pero son conceptos muy distintos. Uno es permanente; el otro se esfumaba cuando me paraba a pensar. No, nunca pude odiarte ni mantener al rencor entre mis dedos. Pero tampoco quería, solo acabaría consumiéndome, transformándome en algo que no soy realmente. Y, puedes creerme, todo ese dolor sobre el que acabo de narrar no fue producto de ver cómo te enamorabas delante de mí. No, claro que no fue por verte amando; empiezo a pensar que eso me dio vida. Te vi reír, os vi reír, y me bastó para sonreír, sin tener en cuenta las lágrimas que vinieran después. Qué va, el problema residía en tu actitud ante lo que yo llevaba a cuestas, pero lo veo todo tan lejos ya, que no me atrevo a hacer el camino que me lleve de vuelta a ese pasado.
Siempre he dicho que no me he enamorado, pero si aquello no fue un enamoramiento, al menos puedo asegurar que se quedó en amor, demasiado amor. Tanto, que todavía me es inevitable temblar al pensar en oír tu voz. Por suerte esta vez no lo hice, por suerte solo pude leerte, y de esa forma era mucho más sencillo calmar a mi pecho.  

Hubo una última pregunta, algo que dejaste bien marcado. Si quería mantener el contacto contigo, o si yo prefería que te alejaras.


Que te alejaras, mil veces que te alejaras. Y lo diría otras mil más. Yo no puedo tenerte cerca, me hace echar la vista atrás continuamente, y ahora más que nunca necesito fijarme demasiado en lo que tengo delante. Creo que le he cogido miedo a tu presencia, por todo lo que ella puede producir en mí, y lo siento, lo siento tanto. Aunque este lo siento vaya más dedicado a mí misma, por no ser capaz de apartar todo aquello que me atormentó en su momento.

Jamás creí que volverías, aunque solo sirviera para que yo pudiera echarte.
Creo que voy a quedarme un poco más con ese "tú" que se mece en mis poemas. Quién sabe, quizá si me lees un poco más seas capaz de encontrarte entre versos, y sonrías recordando (si es que aún no has olvidado)

Te quise, te quise mucho. Tanto, que el eco de ese sentimiento a veces aún suena en mi cabeza, aunque ya sea incapaz de cederle un lugar en mi pecho.