Voy
a empezar a escribir como quien se corta las venas con el borde más afilado de
sus sueños; sin saber bien qué sucederá después de esto, o que vendrá a continuación
de cada gota derramada, y cada palabra escrita.
¿Sabes?
A veces pienso que no amo a otros, porque debería enamorarme de ti (que no es
lo mismo que estarlo. Yo no te amo, nunca lo hago, siquiera cuando te pienso.
He aprendido a huir del sentimiento, solo para que no te atrape a ti) Esto me
lleva a pensar que estoy malgastando tiempo en diálogos anodinos con seres que
me son insignificantes y a los que solo les regalo orgasmos propiciados por mis
propias manos, mientras los mantengo en mi mente los escasos segundos en los
que llego al éxtasis.
No,
ellos no son tú. Es curioso, pero al pensar en ti no te uno al sexo. Va mucho
más allá de eso, no es más que un complemento que te rellena para no dejarte
incompleto. Suelo pararme en conversaciones que se escapan de tus labios, llenas de palabras que despiertan
mi parte más dormida. Contigo lo entendí. Necesito de largas charlas
verosímiles para sentirme viva. No me basta el simple contacto físico, no me
basta una mirada, ni un roce de dedos. De ti aprendí, que llevo mucho más
dentro de lo que nunca podría haber imaginado. Y que tú aparentas todo lo
contrario de lo que llegas a ser. Una pena ¿sabes? Si te vieran como te veo…
ellos no me entienden. Ellos no te conocen
Y
¿quiénes son ellos? El mundo, todo aquel que no sabe de ti y piensa que nunca
podría amarte. Y seguramente ellos tengan razón. Yo jamás podré llegar a
amarte, a sentirte, a notarte. Lo más probable es que tenga mucho que
ofrecerte, pero nada que valga más de dos latidos seguidos. Es comprensible; no
voy a hacer que mueras, pero tampoco voy a darte más vida de la que tienes
predestinada. Y qué. Siempre lo mismo; y
qué si es así, y qué si no está de mi parte la suerte, o no estás de mi parte
tú. Y qué, si con saber quién eres me basta.
Me explico ¿no? He llegado a ese punto en el
que la opinión ajena me interesa bien poco. Y, lo peor: he llegado al punto en
el que hago pasar desapercibida a mi propia opinión. Estoy en esa carrera
continua de no querer asfixiarme con la verdad, como si todo el orden que llevo
dentro fuese removido por un sentimiento que no hace más que pararse en mi
pecho izquierdo. Qué frustrante
Qué
maravilla
Qué
real
Porque,
dime ¿qué es el amor, sino un profundo desajuste interior, hormonal, sentimental
y, a veces, incluso ético?
Dejo
la interrogación suelta, la lanzo, la hago correr; un final abierto, para
futuras respuestas, para distintas contestaciones.
Aún
me asombra el ser humano, cuando se atreve a hablar de emociones

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