Hazme un favor. Escríbeme algo con
poca coherencia, diciendo que sientes cosas que en realidad no son reales. Di
que me odias, y lo mucho que también me quieres. Deja que yo me desprecie poco
a poco. Es demasiado difícil hacer las cosas bien. Siempre deseamos a alguien
que nos haga felices; yo siempre deseé que me enseñaran a serlo, para no
hundirme cuando ese alguien desapareciera. Tú no supiste enseñar. Tú no supiste
nada nunca. Y ya no estás. Imagina cuanto fondo es el que he tocado desde
entonces.
Hay algo extraño en esto que estoy
escribiendo. Dime ¿estoy escribiendo por mí, o realmente estoy pensando en ti?
Todas mis palabras tienen un toque de decadencia, de eterna melancolía y pena acumulada.
¿Somos eso? ¿Tú y yo? No nosotros. Digo tú y yo. Nada va demasiado bien
¿verdad? Yo te entiendo, siempre te he entendido. No me hace falta conocerte
desde siempre. Me ha sobrado más de media vida para saber de ti. Supongo
que tendrás tus problemas. Nadie es inmune a ellos. Yo también los tengo. Pero
cálmate, ninguno está relacionado contigo. El mayor de ellos soy yo. Hay una
campanilla que suena constantemente en mi cabeza y, según el día, en mi garganta. Estoy cansada de sonidos
innecesarios en mi cuerpo, y de mis dedos removiendo cada miedo. No preguntes,
no voy a responder. Esta vez solo quiero entenderme yo. Y ese es mi dilema. No
quiero hacerlo realmente. Estoy viviendo por inercia, mirando al resto con la
envidia de desear ser ellos, y dejar de ser yo.
Viviendo por inercia. Como ahora, que todo lo que estoy soltando no
son más que frases esparcidas por mi propio firmamento, que se unen y, mira, cobran una pizca de sentido. Tú estás por ahí suelto, caminas
por mis letras. No sé, será que no me comprendo.
Todo está empezando a alejarse cada
vez más. ¿Y si nos acercamos un poco? Pero solo un poco, permaneciendo bien
lejos. Las miradas, solo las miradas. Un vistazo rápido, sostén tus pupilas con
las mías, un segundo, dos o tres, tú sabrás cuanto miedo eres capaz de
aguantar. Y verás que pérdida de la noción del tiempo cuando veas tu amargura
reflejada en mis ojos también.
Ahora, acércate un poco más. A los labios, levemente. Alguien me dijo una vez, que mi boca era un precipicio.
Y creo que voy a saltar.

No hay comentarios:
Publicar un comentario