Sabemos que
toda despedida consiste en decir adiós o, en su defecto, en demostrarlo.
Sabemos, también, que existen multitud de despedidas
Hay despedidas
que dañan, que destrozan, e incluso se asemejan a una muerte
Hay despedidas
que sabes que no volverán a tener un
mísero saludo de vuelta, y otras las cuales no duran más de un minuto
Despedidas que
no acaban, y entre adiós y adiós siempre hay un beso que se escapa y vuelve a
unir
Hay despedidas
no merecidas, despedidas que nunca debieron llevarse a cabo
La nuestra, sin
embargo, entraba en una de esas categorías que siempre deseas que no existan,
una de esas que duelen, pero es un dolor leve, casi anestésico. La nuestra fue
de esas despedidas que se hacen necesarias.
No dijimos
adiós, lo cierto es que me bastó con mirar hacia otro lado, responder poco y
estar ausente incluso cuando me mirabas. Sí, una despedida muda.
Contigo me
pasaba que, en ocasiones, cuando estaba desnuda tumbada a tu lado mis costillas
se marcaban más de la cuenta (a veces, solo a veces, solo en esos meses en los
que no podía más). Tú las acariciabas con el borde de tus dedos, te mecías
entre sus huecos y decías:
-No puedo
entender por qué no te quieres, por qué no…
Tenía que
reírme entonces, aunque no hubiera bromas ni malos chistes. Tenía que reírme,
porque yo era consciente de que si yo llegaba a quererme más de la cuenta, solo
entonces es cuando dejaría de quererte a ti.
¿No pasa a
veces eso? Que te topas con una de esas personas mitad humanos mitad vendas,
esas que se posan en tus ojos para no mostrarte la realidad que llevas sobre
los hombros. Tú piensas que esas personas te ayudan a
no temer a la oscuridad, pero cuando descubres que no son más que las que
producen que no haya luz es cuando empiezas a temblar.
Yo me alejé
poco a poco, y lo bueno es que tú no me acercaste. "Dame alas" te decía con la
mirada. Y me diste alas, y el cielo entero pero lejos de ti. Porque quizá te
gustaran muchas cosas, pero siempre hubieron otras tantas que no.
Por supuesto, a
ti te gustaba la noche, el buen alcohol, el café solo y las caricias. Te gustaban
las risas, la ternura y la humildad, aunque de esto último, aunque te duela,
tenías bien poco. Te gustaba cantar, la bachata, mi común acento y que yo
adorara el tuyo. Te ponía mi papel de falsa poeta, te gustaba que escribiera, sí, pero nunca me leíste, jamás mostraste interés. Te gustaba oírme gemir
despacio y bajito, no vaya a ser que nos oyeran. Te gustaba atraparme en un
portal cuyas escaleras ya nos conocían mejor que tu colchón. Te gustaba
perderte entre mis piernas, y que yo me quitara cualquier vestido con manos
temblorosas. Te gustaba que me atreviera, que no dijera que no, que dejara a la
timidez entre tu ropa interior, y que te hiciera ver que juntos, uno encima del
otro, teníamos la misma edad. Porque claro, también te gustaba hacerme ver que
eras un hombre y ya no un niño; más valiente o más cobarde, qué más daba, ahí
la niña era yo.
Pero no te gustaba, no, a ti no te gustaba que mezclara
sentimientos, que me involucrara más, que empezara a sentir sin saber
controlar. No te gustaba que fuera capaz de llorar por ti. A mí tampoco me
gustaba la idea, no te preocupes. A nadie le gusta saber que llorará por
alguien que no es nada.
A ti no te
gustaba nada de esto, a ti no te gustaba que yo pudiera enamorarme de ti. No lo
hice, y aquí fue donde llegó la despedida. O amaba, o me iba.
Y no amé, para
nuestra suerte no lo hice.
Fueron unos dos
meses de charlas efímeras, de mensajes disimulados, ignorados, para no volver a
vernos. Puede que tú supieras, que entendieras, y por eso no insistías. O puede
que sustituirme no fuera tan difícil, no lo sé. No quiero saberlo aún.
Lo que sí sé es
que te vi, volví a hacerlo tras un tiempo.
Recuerdo que
hace mucho me dijiste: "Voy a cuidarte"
La última vez
que nos vimos me miraste, ausente, sin importarte demasiado mi presencia, me
besaste las mejillas, apretaste mi mano, sonreíste un instante.
Recuerdo que
hace mucho me dijiste: "voy a cuidarte"
La última vez
que nos vimos solo supiste decirme, a modo de despedida (y esta vez de las que duelen): "Cuídate"
Y estoy
haciéndolo
Estoy haciéndolo
Estoy haciéndolo

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