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"What if we already are who we've been dying to become"

jueves, 17 de septiembre de 2015

Nunca es un adiós del todo si no lo escribo;

Sabemos que toda despedida consiste en decir adiós o, en su defecto, en demostrarlo. Sabemos, también, que existen multitud de despedidas

Hay despedidas que dañan, que destrozan, e incluso se asemejan a una muerte
Hay despedidas que sabes que no volverán  a tener un mísero saludo de vuelta, y otras las cuales no duran más de un minuto
Despedidas que no acaban, y entre adiós y adiós siempre hay un beso que se escapa y vuelve a unir
Hay despedidas no merecidas, despedidas que nunca debieron llevarse a cabo
La nuestra, sin embargo, entraba en una de esas categorías que siempre deseas que no existan, una de esas que duelen, pero es un dolor leve, casi anestésico. La nuestra fue de esas despedidas que se hacen necesarias. 

No dijimos adiós, lo cierto es que me bastó con mirar hacia otro lado, responder poco y estar ausente incluso cuando me mirabas. Sí, una despedida muda.
Contigo me pasaba que, en ocasiones, cuando estaba desnuda tumbada a tu lado mis costillas se marcaban más de la cuenta (a veces, solo a veces, solo en esos meses en los que no podía más). Tú las acariciabas con el borde de tus dedos, te mecías entre sus huecos y decías:
-No puedo entender por qué no te quieres, por qué no…
Tenía que reírme entonces, aunque no hubiera bromas ni malos chistes. Tenía que reírme, porque yo era consciente de que si yo llegaba a quererme más de la cuenta, solo entonces es cuando dejaría de quererte a ti.

¿No pasa a veces eso? Que te topas con una de esas personas mitad humanos mitad vendas, esas que se posan en tus ojos para no mostrarte la realidad que llevas sobre los hombros. Tú piensas que esas personas te ayudan a no temer a la oscuridad, pero cuando descubres que no son más que las que producen que no haya luz es cuando empiezas a temblar.
Yo me alejé poco a poco, y lo bueno es que tú no me acercaste. "Dame alas" te decía con la mirada. Y me diste alas, y el cielo entero pero lejos de ti. Porque quizá te gustaran muchas cosas, pero siempre hubieron otras tantas que no.

Por supuesto, a ti te gustaba la noche, el buen alcohol, el café solo y las caricias. Te gustaban las risas, la ternura y la humildad, aunque de esto último, aunque te duela, tenías bien poco. Te gustaba cantar, la bachata, mi común acento y que yo adorara el tuyo. Te ponía mi papel de falsa poeta, te gustaba que escribiera, sí, pero nunca me leíste, jamás mostraste interés. Te gustaba oírme gemir despacio y bajito, no vaya a ser que nos oyeran. Te gustaba atraparme en un portal cuyas escaleras ya nos conocían mejor que tu colchón. Te gustaba perderte entre mis piernas, y que yo me quitara cualquier vestido con manos temblorosas. Te gustaba que me atreviera, que no dijera que no, que dejara a la timidez entre tu ropa interior, y que te hiciera ver que juntos, uno encima del otro, teníamos la misma edad. Porque claro, también te gustaba hacerme ver que eras un hombre y ya no un niño; más valiente o más cobarde, qué más daba, ahí la niña era yo. 
Pero no te gustaba, no, a ti no te gustaba que mezclara sentimientos, que me involucrara más, que empezara a sentir sin saber controlar. No te gustaba que fuera capaz de llorar por ti. A mí tampoco me gustaba la idea, no te preocupes. A nadie le gusta saber que llorará por alguien que no es nada.
A ti no te gustaba nada de esto, a ti no te gustaba que yo pudiera enamorarme de ti. No lo hice, y aquí fue donde llegó la despedida. O amaba, o me iba.
Y no amé, para nuestra suerte no lo hice.

Fueron unos dos meses de charlas efímeras, de mensajes disimulados, ignorados, para no volver a vernos. Puede que tú supieras, que entendieras, y por eso no insistías. O puede que sustituirme no fuera tan difícil, no lo sé. No quiero saberlo aún.

Lo que sí sé es que te vi, volví a hacerlo tras un tiempo.
Recuerdo que hace mucho me dijiste: "Voy a cuidarte"
La última vez que nos vimos me miraste, ausente, sin importarte demasiado mi presencia, me besaste las mejillas, apretaste mi mano, sonreíste un instante.
Recuerdo que hace mucho me dijiste: "voy a cuidarte"
La última vez que nos vimos solo supiste decirme, a modo de despedida (y esta vez de las que duelen): "Cuídate"

Y estoy haciéndolo
Estoy haciéndolo

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