El dolor, el problema de no quererse, no reside precisamente en la falta de este amor propio.
Cuando alguien nos dice que no le gusta esto o aquello de si mismo, cuando nos resalta esos defectos que vemos inexistentes, tendemos directamente a soltarle la parrafada de: 'eso no es cierto. Mírate, eres preciosx'
Como si nuestra humilde (pero equivocada) opinión fuera a cambiar la suya.
Otras veces caemos en el error de creer que cambiando a esa persona quizá, por arte de magia, llegará a quererse más.
-'Ojalá fuera más delgadx'
-'Haz dieta entonces'
-'Odio mis orejas'
-'Operate, si eso te hace verte mejor'
Como si 10 kilos menos o un par de cirugías pudieran darle toda la seguridad que anhela. Esto no es más que engañar a la mente. Porque si por dentro algo no va bien a la larga sólo podrás conformarte con la disparatada imagen que has querido crear de ti mismo.
La autoestima puede elevarse, esto es un hecho. Pero no pensamos en ello. Y aquí viene el gran problema: nos empujamos a cambiar primero de físico, e incluso lanzamos a otros a hacerlo, sin entender que primero debe haber un cambio en tu cerebro para aceptar así tu cuerpo.
El dolor, la cuestión de no quererse no reside en la falta de este amor propio, claro que no. Va mucho más allá de esto. La gran incógnita que no nos atrevemos a despejar es aquella que nos da como resultado que somos nosotros mismos los que debemos asumir que no nos queremos.
Es sencillo: si no te enfrentas al problema, al final el problema acabas siendo tú.

No hay comentarios:
Publicar un comentario