Os hablaría sobre mí, sino fuera
porque ya no me conozco. Os contaría sobre el portal en el cual he besado ya no
sé cuántas veces a unos ojos claros, y sobre la forma de bajar más allá de su
ombligo para descubrir todo el daño que soy capaz de hacer crecer.
Os diría que
estoy orgullosa del sentimiento que estoy manteniendo en mi pecho, pero ya no
sé ni de qué va todo esto, y ya no quiero bailar más. Os confesaría, también,
que soy feliz; pero es que no lo soy.
Quisiera haceros pensar que valgo la
pena, pero ahora valgo muy poco y pena es lo único que doy. Podría no llorar al
escribir esto, pero que me digan a mí cómo se guardan las lágrimas en unos ojos
cansados de no dormir.
Podría también contaros que debería cerrarle la puerta
en la cara (y también el corazón) a alguien que, en este instante, no para de
aporrearla (y golpearlo), pero no puedo, no ahora. Me siento tan perdida, que
deseo que me encuentren. Sé, que al final, lo único que haremos es ir a peor.
Ojalá os siguiera haciendo creer que
escribo poemas solo porque amo a la poesía; pero no voy a mentir; es escribir,
o dejarme morir. Y no puedo hacerle eso a la escritura. No puede perderme.
Me gustaría también deciros que deseo
vivir. Os lo juro, querría tener ganas de abrir los ojos cada mañana. Pero
cuando despierto, lo único que pido es que los párpados caigan
y no vuelvan a levantarse

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