Hablemos de sexo, pero esta vez sin temblar. Hablemos de
aquello que tan sobrevalorado está. Porque poco se comenta del acto de dar
placer, y si se hace, se trata como tabú. Antes tengamos algo claro: la piel es
piel y el corazón, corazón. Dejemos en un lado al sexo y en otro lado al amor.
No es que estos dos conceptos no vayan juntos, pero lo primero siempre es mucho
más fácil que lo segundo. Y también, lo peor visto. El problema es que se ve al
sexo como algo sucio, y se le intenta dar matices falsos de romanticismo. No es
que no pueda haber de esto último, todos nos ponemos románticos si nos besan la
entrepierna, pero tampoco es que haya necesidad. Lo cierto es que algo no se
puede negar; es que sí, quizá sea sucio. Pero es ese tipo de suciedad con la
que uno no puede ser escrupuloso. Entender que, lo quieras o no, sexo equivale
a sudor, saliva, una mezcla de gritos que no dejan descansar y alguna que otra
dosis de violencia voluntaria.
Pero ¿con quién? ¿Con quién mezclar y remezclar
todo lo que llevas dentro? Con quien quieras, si es que tienes la oportunidad.
Pero no, claro que no. La sociedad ya se encarga de inculcarte pensamientos dignos
de cualquier novela rosa, donde follar debe significar amar, y el sexo solo
debe practicarse con el amor de tu vida. Este último término también podría ser
discutible, pero para qué alargar.
Sí, como si tocar, besar, acariciar, todo
esto sin sentimiento, fuera delito. Te juzgan por dar placer, por regalar
orgasmos. Cómo si hubiera algo más sano. Ponen etiquetas, nombres, promiscuos dicen por ahí. Pues bien, entonces qué viva la promiscuidad...
Supongo que sigue pareciendo más ético
ver a cualquiera vomitando en una esquina, que gimiendo en una cama. Mucho más normal decir que le has partido la
cara a cualquiera, a confesar que besaste a aquel que pensaste que merecía
mucho más que un par de sonrisas. Personas reprimidas que no se atreven a hacer
con sus vidas lo que otros sí que hacen. Personas que viven su vida como
desean, pero juzgan a aquellos que no la llevan a cabo como ellos.
Demasiada importancia se le da a algo tan sencillo. Sería
mucho más comprensible tantear sobre el amor. Esto sí que puede que sea serio.
Aquí no sostienes a un cuerpo entre tus manos; aquí tienes
la oportunidad de manejar un corazón. Pero claro, qué importancia iba a tener esto, sí solo se trata de sentimientos humanos.

Yo he sido "víctima" de la concepción tabú del sexo, entre otras. Y al final ha sido un condicionante, así que me parece genial que te atrevas a criticarlo de una manera tan clara. Me parece muy buena esta entrada, enhorabuena por hablar en alto sobre algo que tantos juzgan.
ResponderEliminarAlibi.
Ese es el problema, que nos sentimos tan "vigilados" por una sociedad tan reprimida (y ya no hablo solo en temas de sexo) que acabamos viviendo lo que es considerado una vida "normal", para no tener que escuchar críticas del resto. Aunque son estas críticas, precisamente, las que cada vez estoy logrando obviar más.
Eliminar"Vive el momento sin pensar demasiado, y verás como eres más feliz", me dijeron no hace mucho. Y no se equivocaban.
Y muchas gracias a ti por leer la entrada. Quizá incluso sirva de algo =)