Hace mucho me dijeron la siguiente frase:
"Te quiero demasiado como para enamorarme de ti"
No la entendí, hasta el día en que conocí a alguien
a quien quise tanto
que amarlo me parecía una falta de respeto ante un corazón como el suyo
Su corazón;
A este lo tuve entre mis dedos cada noche de enero
Lo sujetaba como canicas de cristal,
temiendo que se escapase y se estrellase de lleno contra el asfalto
Daba vueltas entre las líneas de las palmas de mis manos
Se detenía en la de la muerte, y se mecía lentamente
Arropaba a la de la vida, y susurraba que esta debería ser infinita
Se quedaba ensimismado al llegar a la del amor
Y decía que había mucho de él en cada uno de sus rincones
Acababa confundido, atolondrado
Entonces volvía al pecho de donde había salido
Y ese pecho me miraba
-"A veces pienso que tú… quizás seas tú…" – decía él
-"Es que no te das cuenta… que tú no me quieres, y yo te quiero
demasiado. Tanto, que no voy a poder amarte"- respondí, con toda la frialdad
que llevaba dentro
No preguntó el por qué
Estaba demasiado centrado en hacer que las lágrimas no cayesen por mis
mejillas
-"Pero no me voy a ir. Me voy a quedar siempre, por ti"- cuantas veces
oí esa promesa. Cuantas veces deseé que fuese cierta…
Aquel día no me hablaba a mí. Le hablaba a mi llanto. Y sus labios se abrieron
de nuevo
-"Yo sé que podrías enamorarte. Lo sé por el camino formado por tu
lágrima, esa que ya llega hasta tus labios. Esa línea hecha de sal tiene la
misma forma que la de las palmas de tus manos…"
Nunca supe a cual se refería. Si a la de la muerte, a la de la vida, a la del
amor…
Tampoco supe nunca encontrar la diferencia entre estos tres conceptos
"Me voy a quedar siempre, por ti"
Debéis de saberlo:
Él no se quedó.
Tenéis que saberlo:
Que después de esta frase siempre viene la despedida
Pero no fue inevitable
Solo dejé caer la canica de entre mis dedos (podría haberla sostenido
por mucho, mucho tiempo más. Detenerla en el tiempo, dejarla morir)
No se destrozó y, sin embargo, algo dentro de mí se rompió
Se hizo añicos
Sentí el frío del asfalto dentro de mi pecho
Y las palmas de mis manos hablaron por mí
"cuando uno se rompe, no hay forma de arreglarlo
Es algo así como cuando se ama lo que ya no se tiene…"
Escuché cada palabra
mientras veía el balanceo de unas caderas que se iban
haciéndome ver
que ya
no poseía nada
Mirándome las manos
cubiertas de sal
Empujando con mi miedo a un pecho que ya no poseía canica ajena
Y mucho menos corazón

No hay comentarios:
Publicar un comentario