Te
vueles a cruzar por delante de mí
Y
las heridas que casi logré cicatrizar parecen llamarme a gritos
No
contento con mirarme desde lejos
esta
vez te atreves a venir a mí
Cada
paso es un dolor en mi costado, en mi pecho izquierdo, en la espalda que una
vez acariciaste
Cada
paso es un dolor que no cesa en cada raja que me hiciste al gemir
Lo
peor de todo es que no me das dos besos,
Es
que ahora me abrazas. Un abrazo falso, seguro de si mismo, que me hace temblar
un instante
(claro
que tú, como siempre, no lo notas)
No
te conformas con abrazarme, no
Tú
tenías que sonreír…
Y
tu sonrisa, esta vez, me destroza
Noto
como las heridas se abren, e intento cerrar los ojos para no ver la sangre que, seguramente, nadie es capaz de apreciar
Me
susurras que hace mucho que no hablamos (y yo pienso que este último verbo no
es el más acertado)
Acaricias
mi mano y dices que estoy desaparecida (y yo caigo en la cuenta de que es
cierto, que casi desaparezco para siempre, para mí misma)
Que
hacía mucho que no me veías (y yo sonrío con maldad, porque sé que no es
verdad. Sé que nos han sobrado todos esos días donde nos hemos cruzado y no nos
hemos atrevido ni a mirar)
Por
último (antes de ver a ese mitad-hombre, mitad-sombra marcharse por donde ha
venido)me
apuntas un número de teléfono con manos temblorosas
diciéndome
que quizá yo, en un descuido, olvidé que existías
y le di al botón de eliminar de mi vida en una noche de esas donde el rencor era
más fuerte que yo
Y,
quién sabe, con un poco de suerte puede que me apetezca volver a vivir en tu
colchón
Yo
acepto el número, y también un perfecto manual sobre "cómo cometer el mismo
error de forma magistral"
Las
horas pasan, y yo me encuentro sentada en una cama
Con
un móvil entre mis manos
Un
escueto mensaje escrito con un destinatario cuyo nombre es tabú
Y
justo al lado de mi dedo, alzado y tembloroso,
el
botón de "enviar"

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