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"What if we already are who we've been dying to become"

domingo, 12 de febrero de 2017

Para cuando no puedas dormir;

"- Anda, cuéntame un cuento para coger el sueño
- Mmm, pues a ver... Esta es la historia de una niña. Una niña a la que le daba miedo la oscuridad
- Cuánta intriga...
- Shh... Esta niña dormía siempre con la luz encendida y muy sola. Pero un día conoció a un chico que no podía dormir si la luz no estaba apagada. ¡Le resultaba imposible! Ella quería dormir con él pero sabía que no iba a poder porque no encajaban en ese aspecto.
- ¿Y qué pasó?
- Pasó que cuando llegó la noche que iban a pasar juntos por fin, se tumbaron los dos en la misma cama pensando en el inevitable momento en el que tendrían que irse a dormir.
- ¿Y?
- Y hablaron, hablaron toda la noche.
- Casi como tú y como yo entonces
- Sí, casi igual
- Bueno, y qué pasó, sigue
- Pasó que estuvieron tan bien juntos que habían dejado de pensar en la luz y en la oscuridad. Y, para cuando se dieron cuenta, ya había salido el sol y ambos estaban dormidos
- Qué tierno...
- Sí, pero no te veo muy adormilada. Cuéntame tú alguno, a ver si surte efecto
- ¿Que te cuente un cuento? Pues... me sé uno, de una niña
- ¿Una niña qué?
- Una niña perdida"





La niña perdida, la loca del cuento, la que bailaba con muchos y no quería a ninguno, la libertad con vestido, la que vivía atrapada en si misma



La niña encontrada, la que ya no llora; ahora puede bailar con muchos, pero solo quiere a uno. Se ha quedado a vivir en la cámara de un fotógrafo de ojos azules que ríe contra su boca, porque desde la inmortalidad de su objetivo la vida se ve más dulce.



Le dijo la niña al conocerlo que tuviera cuidado, que en su corazón había un rostro que no se iba. Lo besó pensando que sería efímero, que no duraría demasiado, como todos los besos anteriores que había dado. Que no se quedaría con él, que se iría de su lado cuando menos lo esperase. Pero ¿sabes qué hizo él?



"- Se quedó esperando
- ¿Cómo lo sabes?
- Porque esta historia me suena"


Sí, esperó, aquel fotógrafo esperó porque sabía que la niña no se iría. Lo que pasaba es que aquel fotógrafo creía en el amor y, por lo tanto, debía creer en la niña. 

Y esta no fue capaz de correr de su lado, le gustó la comodidad de sus rodillas para sentarse, la forma en la que las manos encajaban, como la miraba él sin necesidad de desnudarla. También los debates hasta altas horas de la noche, las conversaciones con una copa de más y un latido de menos. Los abrazos cuando ya no necesitaban hablar más y el cómodo silencio en aquel coche. 
Le gustó que el cuento no hubiese acabado como siempre. Le gustó ese nuevo comienzo, ese choque de nariz con nariz, el invierno que ya no era tan triste. 

La niña perdida se sentía un poquito más feliz

Y quiso regalarle, con toda la cursilería y todo el romanticismo, un trocito de para siempre. 

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