El
problema de llorar poco es que, cuando te decides a hacerlo, es casi como si te
rompieras por dentro. Lloras, y deseas más, viene el llanto desesperado y el
dolor se expande. Esta es la peor parte porque, si no doliera, todo iría bien.
Puede que entonces no me diera tanto miedo sollozar...
¿Y los motivos? ¿Hay
razones suficientes para que las lágrimas vuelen? Se llora cuando se quiere
morir, pero no eternamente.
Supongo que nunca nadie desea morir eternamente…
pero este ya es otro tema.
Se llora cuando uno ya no puede más consigo mismo aun
habiéndolo intentado. Cuando no te soportas y odias al resto. Se llora para ver
si la angustia se va con las lágrimas, sin fijarnos en que, al llorar, lo único
que somos capaces de sentir es el dolor creciendo en el pecho. Por eso siempre
odié llorar, por eso siento siempre una enorme desesperación cuando se me nubla
la vista, y sé que todo lo que me he callado está a punto de gritar. Y por eso
es que me tapo el rostro, para que no me miren pero, sobre todo, para no verme
yo. Porque cuando lloro es casi como salir de mi propio cuerpo, observo al
mundo desde fuera, y siento la pena ajena y la compasión que nunca he pedido ni
pediré. Noto la mano en mi hombro y el repugnante: 'cálmate'
Pero
yo no quiero, no quiero calmarme. Quiero que el resto desaparezca, que se
larguen. No quiero que entiendan ni que me comprendan; me basta con intentar
descifrarme yo.
Sé
que otros sabrán de lo que hablo, porque nadie se libra de esto. Nadie escapa
de los temblores, el nerviosismo incontrolado, los ojos destrozados y los
labios entreabiertos buscando un poco de respiración.
Nadie
se libra de vivir ni de querer sentirse muerto.

No hay comentarios:
Publicar un comentario