Datos personales

Mi foto
"What if we already are who we've been dying to become"

domingo, 23 de octubre de 2016

"Al final, todo acaba en agua salada"

"Ya sea en lágrimas 
O en el mar"
Y no sabes lo bien que sienta esto último,
para borrar lo primero

He necesitado meses para atreverme otra vez a escribir sobre ti
He necesitado tiempo para querer que vuelvas a estrellarte contra el papel
Y también para que vuelvan las ganas de que me leas (te leas) de nuevo

Antes de nada, perdóname por utilizar una vez más (una de tantas) la vía fácil. Por volver a hablar por aquí, como quien se sienta con alguien cara a cara. No me quedan muchas más alternativas. 
Tampoco me vi capaz de aceptar ninguna otra.
Pero creo que hay cosas que faltaron por soltar. Y otras tantas que no fui capaz de lanzar. 

Hacer una pausa en mí fue algo opcional, pero intentar entenderme fue demasiado necesario. 
Es curioso; me había tirado meses asumiendo que te habías (que nos habíamos) ido aún teniéndote al lado y, sin embargo, cuando fuimos capaces de despedirnos fue cuando empecé a notar de verdad el dolor. Fue como una segunda pérdida. Ya te dije que nuestro distanciamiento lo sentí más como una muerte que como una distancia voluntaria. Por suerte no te asustaste, por suerte me entendiste. Supongo que siempre entendías todo. Esta vez fue como revivirte para acto seguido volverte a enterrar.

Me dijiste que ojalá pudieras evitar tanto daño, sin entender que todo mi sufrimiento no fue causa tuya. Que si alguna vez me hiciste sentir algo, no fue ni mucho menos dolor. 
Me creas o no, esa noche (y todas las siguientes) lloré más por ti que por mí. Yo ya me había acostumbrado a tener que hacer como si nada, aunque por dentro se me removiera todo. A lo que no me acostumbraré nunca es a la angustia en tu rostro al decirme que, simple y llanamente, no había forma de corresponderme. Y repito: no me dolió esta realidad que ya sabía de sobra. Me dolió la forma en la que tus palabras se te clavaban en el pecho más a ti que a mí. Sobre todo porque lo más seguro es que tú siquiera intuías que yo jamás quise exigirte tanto. No tenías por qué quererme (al menos no de la forma en la que yo necesitaba que lo hicieras). A mí me basta con saber que me has pensado aunque sea un instante, que algo de lo que te dije en un pasado te sirvió. Me basta con ver que no fui una sombra en tu vida, aunque no llegase tampoco a ser luz.

Déjame decirte que entiendo que quisieras cambiar las cosas, que te jodiera tanto la impotencia y el hecho de que mis latidos, simplemente, no se amoldaran a tus manos de la forma en que yo tanto lo deseaba. Pero créeme, no hay culpa mayor que la que nos echamos sobre los hombros cuando no lo merecemos. Menos en casos como estos, en los que ni siquiera hay delito. Y de tener que culpar a alguien, me lo echaría todo a mí. Fue un año que se desmoronó, pero fui yo la que se encargó de echarlo abajo. Y es que hay algo que necesito dejar claro: nunca, nunca, nunca tuviste ninguna culpa de la imagen que yo llegué a crear de mí misma al mirarme al espejo. Sólo tuviste la mala suerte de ser querido por alguien que estaba a punto de romperse, y que te cortases con cada uno de los trozos solo era cuestión de tiempo. Pero todo puede construirse de nuevo, y aunque arreglarse a una misma no es trabajo fácil, he conseguido amoldar todas las piezas a mi cuerpo. No me arrepiento de nada; ni del daño que me hice, ni de la forma que tuve de menospreciarme, ni del cambio que todo eso supuso en mí, ni mucho menos de ti. No he perdido un año, he ganado una forma de ver la vida que ojalá muchos tuvieran para entender por qué deben quererse (y, sobre todo, cómo hacerlo) y me he guardado un sentimiento que ya quisieran otros llegar a experimentar.

No llegué a responderte a la pregunta de si llegó a ser amor lo que sentí por ti. Decir que eras una persona increíble me bastó. De veras, eres fascinante incluso con tus taras y defectos, y eso es maravilloso. Todo esto lo mantengo, pero ahora también afirmo la pregunta. , claro que fue amor. Yo sentía amor por tus palabras, por tus gestos, por los consejos y por lo que no dejaré de recordar. Sentí amor porque eras un poco hogar, porque me sentía en calma, una calma que probablemente tú también has sentido alguna vez. En este caso, ya sabrás lo difícil que es alejarse de donde nos sentimos vivos porque, instintivamente, acabamos viendo un poco de muerte en todo lo demás. 

Seguiría hablando en pasado, pero fue amor y sigue siéndolo. Fuiste paz de nuevo en el abrazo que me diste, un abrazo que, muy lejos de romperme, fue capaz de darme por fin libertad para pensar que ya no había posibilidades entre nosotros

Pero ¿y después de eso qué? Verás, todavía te siento cada vez que vienes a mi mente (y esto es algo que pasa continuamente). No creas que no me cabrea, porque odio vivir a base de recuerdos, pero es algo que ya sé: yo no te voy a olvidar. Sé que aún pudiendo no lo haría, no lo mereces. Yo no lo merezco tampoco. Si pudiera volver a atrás y me dieran a elegir, me quedaría contigo de nuevo. No me privaría del gusto de conocerte, de disfrutarte, de saborear tus charlas e inquietudes. Seguiría sentada allí, delante de ti, y volvería a quererte, no en un contexto sexual o amoroso (lo mío siempre fue más allá, por eso has marcado la diferencia) Yo arroparía la palabra amigo (aunque fallara una vez más) volvería a quererte como persona, me enamoraría mil veces de tu respiración. Continuaría a tu lado aún, te lo juro; nada me gustaría más que saber cómo has cambiado, cómo sigues pensando, qué anhelas, qué te gusta y qué has empezado a odiar. Pero no puedo. Alcancé a sentir tanto en tan poco tiempo, que no podía arriesgarme a más. 
Y es que quizá tú no recuerdes esta frase, pero no te equivocaste cuándo me dijiste que 'se puede sentir mucho por una persona en muy, muy poco tiempo'. No lo tuve en cuenta, yo pensaba que el cariño iba más allá de pasar un mes al lado de alguien. Qué poco me faltaba para creerte.

No, por supuesto que no te voy a olvidar. Hay personas (como tú) que nos dan demasiadas cosas buenas como para lanzarlas contra el olvido. Al igual que hay veces en las que debemos asumir que no por más que forcemos a la mente, el corazón va a ceder. Seguro que en esto también me entiendes. 
Y, respecto a asumir, fue algo que me costó mucho, muchísimo. Te me has clavado como nadie lo ha hecho, y tardé demasiado en dejarte entrar plenamente, siempre tirando de ti para ver si era capaz de sacarte. Pero qué va, ni la distancia me sirvió; al final era yo la que siempre volvía a ti. Me engañé de forma magistral, habría sido capaz incluso de negar tu existencia solo para ver si era capaz de convencerme de que tú no debías hacerme sentir y no fue hasta que te lo escupí todo a la cara cuando entendí que ya no me serviría demasiado robarle tiempo a mi pecho, como tampoco me iba a servir robarles tiempo a todos aquellos que se quisieran quedar a mi lado sin hacerme sentir nada. Hay ciertas cosas que no deben compartirse, y este tipo de dolor es una de ellas.

Una vez me dijiste que aunque ella no te pudiera amar de vuelta, aunque nunca pudiera corresponderte, el haberla querido, el experimentar ese sentimiento que cambia vidas, ya te valió la pena. Y tenías razón, tenías mucha razón: vale la pena, y gran parte de la alegría. 
Lo que no sé es si tú has sentido miedo. Si a ti también se te ha pasado por la cabeza la disparatada idea de que volverás a sentir, sí, pero no de la misma forma que antaño. No con la misma intensidad. 
Si tú también lo has pensado... bien, sólo espero, de verdad, que estemos equivocados. 


Hace mucho te escribí una carta que te pasó del lagrimal pero no llegó a tus labios. 
Ahora no quiero lágrimas. Ahora quiero que tus labios rocen tus pestañas. 

Te prometo que yo ya he sido capaz de (sentir) y sonreír.


No hay comentarios:

Publicar un comentario