Suelo
imaginarme bailando
Llevo
los pies descalzos porque me gusta notar la madera en la piel
Y
doy vueltas, con los brazos en alto, sobre mí misma
La
música que suena de fondo es una de esas canciones
que
todos dicen que no sirven más que para llorar
Pero
yo río, una carcajada limpia, que me baña
mientras
veo como hondea un vestido de verano que llevaba flores incrustadas a punto de estallar
y gritarme “Primavera”
El
cabello se me enreda entre los sueños
Se
los lleva por delante
Los
arranca
Y mi sombra intenta seguir mis pasos, quedándose demasiado atrás de mí
Esa sombra me recuerda a alguien que
decía que no crecía
Y yo pienso entonces que estaré
siempre a su lado
Porque soy aquella que mantenía polvos
en sus manos
que, según me contó, podían hacer
volar
Ahora sé, en este baile que no acaba,
que esos polvos no eran más que los momentos vividos, volviéndose antiguos con
cada una de mis vueltas
No pasa nada, siempre que la música no
pare
Y las flores de mi vestido se caen a
mis pies
Se cae mi vestido también
Y no sé si estoy desnuda, pero tiemblo
Los pechos están helados,
Lo noto al acariciarlos, casi como
botones mal cosidos que me piden desaparecer
Lo sé; un pecho helado nunca podrá
calentar un corazón
Pero es que siempre se le dio tan bien
hacer reír al resto que pensé…
Dejarlo
vivir. Es eso
Aunque
no valga la pena
Detengo
la música en mi cabeza, cansada de tanta utopía
La
triste melodía acaba,
Acaricio
el vestido sin flores,
los pies inmovilizados...
y yo lloro
Alguien
me consuela
Son
las ruedas de la silla que me sostiene
Me
dice que no pasa nada
Que
bailará ella por mí
Y
yo siento miedo
sabiendo
de ante mano,
que
no es lo mismo vivir
a que te hagan vivir

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