Me atrae,
como a todos, la belleza
Me atrae un
rostro bello,
la armonía
creada por unos rasgos delicados,
el atractivo
de unos labios al abrirse,
la manera de
mover unas manos finas,
la forma en
que se pueden llegar a manejar las caderas
Casi como si
bailaran para alguien
Me atrae,
como a todos, la belleza
Me atrae el
cuerpo que es aceptado como “bello”
Me atrae una
espalda en la que poder recostarme
y el tono de
voz asemejado a una tormenta
Me atrae todo
esto, como a todos
Pero me
atrae, sobre todo (y como a pocos) el atractivo que se esconde en cada
pensamiento
La forma de
mover cada palabra,
de dejarlas
escapar
Me atraen, a
cada instante,
Los ideales que persigue cada rostro
Sin importar
la belleza de sus facciones
Que se vuelven aún más únicas al ver
que poseen, además, personalidad propia
Me atrae la
sublimidad
El esplendor
La delicadeza
La perfección
que es capaz
de ofrecerme una apariencia
sin necesidad
de mirarla

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