Quiero hablarte, como tantas otras veces.
Quiero contarte que necesito escribir;
puede que sobre ti, y todo eso que no admitimos hasta que se nos caen los
motivos de los ojos.
Antes, déjame decirte, que yo ya te he escrito
mucho, demasiado quizá. Puede que el papel sepa más de ti, que tú mismo. Puede
que detrás de cada letra te haya descubierto siendo alguien diferente, y te
haya transformado en otro ser.
Puede, también, que haya escrito sobre todo lo
que sé de ti. Sé, por decir, como es tu forma de hablar sobre amor. Y sé
también que te amarán, que te volverás a enamorar, y cabe la posibilidad de que
llores, te destrocen, y te den lo que mereces (nada malo, y todo bueno, eso
tenlo por seguro)
He sido testigo de tus miedos, de tus ansias de
sentir que tu pecho aún no ha muerto. De tus ganas de mis consejos y mis
palabras, aunque no sirvieran nada. Que te he visto renegar de Dios, y en ese
instante en el que tus labios tomaban la forma exacta para decir: “yo ya no
creo en nada”… me hiciste recuperar la fe de golpe
He deseado, también, echarte de vez en cuando
en mi pecho, para notarte latir. Y he querido secarte el llanto para ser
testigo del milagro de unas lágrimas colgadas de tus pestañas. Unas pestañas
que se enganchan a los párpados de una mirada que se asemeja a firmamentos, a
universos perdidos, a gemidos fingidos que quisieron llegar a ser, pero que no
fueron; a caricias que arañaban, pero sin querer doler.
Alguna que otra vez, mientras reías, tuve que
frenar el impulso de posar mis dedos en tus labios, de morderte las mejillas,
de atrapar los lunares de tu cuello. Alguna que otra vez, me imaginé que lo
hacía, y en mi mente yo no me frenaba, en mi mente tú me pedías, me exigías… y
a aquel pensamiento lo llamé realidad
Y puestos a contar sobre ti, y lo que alguna
vez me inspiraste a crear, deja que te diga sobre la piel morena que te cubre, que
a veces me dio por pensar que era arena entre mis dedos, y tuve miedo a tocarte
por si te escapabas demasiado rápido de mis manos, siempre corriendo a un ritmo
frenético por delante de mí.
Pero he de decir que esto no ha nacido ahora; todo
esto lo escribí tiempo atrás, cuando las emociones no se asentaban en mi
interior, y no sabía bien como definir tanto sentimiento. Ahora sé, ahora
entiendo un poco más, por eso vuelvo al papel.
Déjame confesarte algo; no estoy enamorada de ti, pero sé que podría estarlo. Soy consciente del nerviosismo que serías capaz de desatar en mí solo con rozarme. Soy consciente de la tormenta que levantarías en mi entrepierna con la yema de tus dedos (y quien dice entrepierna, podría decir corazón, que siempre van muy unidos). Soy consciente de que te desvestiría con el miedo por bandera, pero con las ganas como eco de mi voz.
Que no estoy enamorada de ti
(qué va, ya sabes que eso siempre fueron palabras mayores para un pecho como el
mío) pero sé que podría estarlo
Que en algún instante (no sé
cuándo, pero sí) te empecé a querer, y esta conciencia es algo que, desde hace
mucho, ya me viene dando miedo
PD: hago esto ahora, porque
ya no puedo verte como antes, y no quiero olvidar la sensación de volar cuando
te veía tan claro. Hago esto ahora, porque tú no sabes lo que es ver a alguien
a tu lado, pero sentirlo tan lejos
O lo que es lo mismo: tú no sabes lo que duele
cuando sientes que un corazón ya no late, pero
sabes que aún no ha muerto

No hay comentarios:
Publicar un comentario