Más de una vez te
deseé muerto
para poder llevarte
flores sin demasiadas excusas
Y (¿por qué no?) para
poder besarte los párpados cerrados
sin temor a que me
descubrieses cayendo otra vez en ti
Otras te deseaba vivo
y, sobre todo,
desnudo
No había necesidad de
flores, porque imaginaba que eran pétalos lo que llevabas en la punta de tus
dedos
Y besarte los párpados
me era insignificante
al lado de tu ombligo,
y todo lo que escondías debajo
Sin embargo, en otras
ocasiones (cuando ya me pesaba todo de ti) deseaba ser yo la que te matase
Matarte, sí, dándote
más vida de la que ya tenías
Arañando una espalda
que no se queja
Y oyendo el gemido de
unas vértebras mal tratadas
Morderte el labio,
para ver como cerrabas los ojos
Y en ese cerrar yo me
abro, y te veo el rostro,
callado, susurrando,
a ojos cerrados de
nuevo
Dando la impresión de
que estás muerto
pero quitándome la
vida que te cedo

No hay comentarios:
Publicar un comentario