Me he sentido como en aquel invierno en el que me descubrí abrazándome,
sentada en las escaleras de un portal,
rozándome las rodillas con dedos helados,
esperando a que se sentara el rostro serio que tenía justo en frente
y que hoy ya solo es la sombra alargada de quien fue
Era el mismo vacío de antaño
Casi recaigo a ser la de antes
¿Te imaginas? Sí, que me da por volver a los columpios que me mecían
frente a aquella playa, mientras las olas golpeaban contra las rocas donde una
vez me senté
Donde nos sentamos; y el momento
parecía una canción
O eso decías
Que no acabe nunca
Canción eterna,
Para que no acabes tú tampoco
Eternidad…
La llevábamos en los párpados
Cada uno de nosotros
Éramos cuatro
Ojalá ya no tuviera que ser una, pero soy
Y serlo me golpea; la conciencia de conocerme me pesa
Es el conflicto interno del ser humano: tener que hacerse cargo de los
recuerdos
Sería fácil, si con ellos no llegasen siempre el dolor y el sentimiento
“Si el mundo fuera como tú, este
sería un lugar mejor”
Podría haberte recordado con otra frase; en su momento, y con tu voz de
fondo, casi me hizo sonreír
Aquella afirmación estaba cargada de mentira, aunque para ti fuese real
No entendías que si el mundo fuera como yo, seguramente estaría repleto
de gente que se vuelve melancólica
cuando escucha una canción que alguna vez le dedicaron
y se acuerda de lo que no debe
Si el mundo fuera como yo, estaría lleno de personas
que darían lo que fueran
por no volver a saber del verano
y poder mantenerse así en un Diciembre constante
solo por lo que esos 31 días podían ofrecerle
Si el mundo fuera como yo, no habría más que personas
que te echarían de menos
cada vez que el frío vuelve
Y escribirían cosas parecidas a esta
solo por no morir congelados

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