Es increíble lo que sucedió
el día que morí
Recuerdo que cogí a mis pocas ganas de vivir
Las uní con unas alas destrozadas
Y las até con las cuerdas vocales que me habían hecho
quedarme sorda
Luego me las coloqué en la espalda
Sentí a la desesperanza,
y a tu voz colgando de cada pluma
(Ya no cantas
No hay canciones de cuna,
Ya no duermo)
Quise saltar
Que para qué iba a desear unas alas, sino eran para lanzarme
al vacío
Pero yo no quería volar
Yo quería caer y sentir como la vida se me estrellaba
Como tus cuerdas vocales se desgarraban en el tirón de un
salto sin demasiado objetivo, verlas sangrar acto después, y ser consciente de
que este hecho acabaría inundando tu garganta, asfixiándote a ti también
(yo ya me encargaba de dejar de respirar con tu susurro)
Aquí vino lo curioso
Fue increíble lo que sucedió
el día que decidí suicidarme:
(que también fue el mismo día que dejaste de enamorarte de
mí)
Yo ya estaba muerta

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